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viernes, 8 de abril de 2011

Sometido al mismo estímulo el cerebro adulto crece como el de un niño.



El aprendizaje de los nombres de nuevos colores produce un rápido incremento en la materia gris de la corteza cerebral en un cerebro adulto sano. Dicho con otras palabras, el cerebro humano adulto aún conservaría la capacidad de crecimiento que tiene el de un niño cuando se le expone a estímulos similares a los que tiene éste. El estudio fue realizado por un equipo de investigadores encabezado por Veronica Wok, de la Universidad de Honkg Kong (China). Las conclusiones aparecen en los Proceedings of National Academy of Sciences.


Los investigadores enseñaron a 19 voluntarios unas tarjetas coloreadas con dos tonos de verde y dos tonos de azul. Cada una de las cuatro tonalidades de color fue bautizada con un nombre inventado y sin ningún sentido, algo completamente nuevo para los probandos y no asociable con nada conocido. Se les pidió a los sujetos que aceptasen estos nombres como los descriptores reales para los cuatro colores y que los memorizasen, de tal manera que pudiesen responder con el nombre correcto cuando se les pidiese asociarlos unos días después. El condicionamiento se realizó durante tres días en un total de cinco sesiones que, en conjunto, sumaron menos de dos horas.
Tras el aprendizaje los voluntarios fueron sometidos a escáneres por resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés). Los investigadores pudieron comprobar que se había formado nueva materia gris en el hemisferio derecho de los cerebros. No está claro si esta nueva materia gris está constituida por nuevas neuronas o son dendritas (ramificaciones) de las ya existentes. Investigaciones anteriores han demostrado que el cerebro puede crecer en períodos largos de tiempo pero, hasta ahora, se consideraba que el cerebro era incapaz de añadir materia gris en un tiempo tan corto.
Parece ser que la clave estaría en la diferenciación de nombres y en cómo los sujetos perciben los colores en función de los nombres que se les da (esta es una versión de la famosa hipótesis de Sapir-Whorf). A los voluntarios se les habría pedido algo que es mucho más complejo que simplemente memorizar unos nombres, se les habría solicitado un cambio de percepción. El hecho de que las áreas del cerebro en las que aumentó la materia gris sean conocidas como zonas en las que no sólo se procesan el color y la visión, sino también la percepción, respaldarían esta idea.
Como ha ocurrido en otras ocasiones memorables en la historia de la ciencia, el descubrimiento no es lo que los investigadores esperaban encontrar, ya que su idea era precisamente buscar pruebas de la hipótesis de Sapir-Whorf, esto es, si el mundo es percibido según la lengua que se hable. Si bien este resultado no resuelve definitivamente esta cuestión, si podría proporcionar vías por las que desarrollar mecanismos para ayudar a personas con dificultades de aprendizaje o, incluso, con daño cerebral.

Referencia:
Kwok, V., Niu, Z., Kay, P., Zhou, K., Mo, L., Jin, Z., So, K., & Tan, L. (2011). Learning new color names produces rapid increase in gray matter in the intact adult human cortex Proceedings of the National Academy of Sciences DOI: 10.1073/pnas.1103217108
  
Fuente : Experientia Doc.

domingo, 3 de abril de 2011

¿Olemos todos igual? Las conexiones olfatorias varían individualmente.

Imagen coronal del bulbo olfatorio de un ratón adulto.


Un  equipo de investigadores encabezados por Sulagna Ghosh, del Instituto de Investigación Scripps (Estados Unidos), ha desarrollado una técnica basada en un virus para resaltar las rutas que siguen los nervios individuales. Al aplicar la técnica a los sistemas olfatorios de ratones han encontrado que las neuronas olfatorias mandan sus señales a dos áreas cerebrales de formas que difieren significativamente de un ratón a otro; una variabilidad que es probable que también exista en los humanos. Este hallazgo pone de manifiesto una vez más cuánto nos queda por descubrir sobre el conectoma en general. Los resultados aparecen publicados en Nature.

Para los primeros pasos del proceso de percepción de un olor, las conexiones neuronales en mamíferos son algo bastante conocido. Cada neurona olfatoria primaria tiene unas a modo de raicillas incrustadas en los tejidos nasales, en las que hay receptores específicos para cada olor. Cuando estos receptores se activan por la molécula odorífera adecuada, la neurona que los alberga se activa y manda una señal a través de su axón a un centro de procesamiento inicial, el bulbo olfatorio. En éste la señal llega a unas agrupaciones esféricas de fibras llamadas glomérulos [capa azul en la imagen].

Estos glomérulos son específicos para cada olor y están ordenados de una forma tan consistente y homogénea que el patrón de activación espacial que provoca un olor concreto es prácticamente idéntico entre individuos. Tanto es así que, simplemente observando qué conjunto de glomérulos se activan en un ratón dado, se puede predecir qué olor está percibiendo.

Pero cuando estas señales van de los glomérulos a los centros de procesamiento superiores del córtex olfatorio, ¿se mantiene esta ordenación estereotípica? Se sabe que esto es así para la visión y el tacto; la misma regularidad se encuentra en el sistema olfatorio de las moscas pero, ¿y en los mamíferos?

Las señales de los glomérulos activados llegan a las regiones de procesamiento del córtex olfatorio a través de las llamadas neuronas mitrales y en penacho [MP, capa roja en la imagen]. Hasta ahora no se disponía de herramientas lo suficientemente precisas para seguir las conexiones en los mamíferos desde los glomérulos individuales a sus neuronas MP, y de éstas a sus terminaciones en el córtex olfatorio.

Para solventar esta carencia Ghosh et al. han desarrollado una técnica mediante la que pueden llevar a cada glomérulo un virus que expresa un trazador fluorescente. Los investigadores pueden asignar diferentes colores fluorescentes a las neuronas MP conectadas específicamente a un glomérulo y seguir después sus axones hasta el córtex.

La técnica Ghosh (llamémosla así) permitió a los científicos seguir los axones de cualquier neurona MP a dos centros corticales de procesamiento, la pars externa del núcleo olfatorio anterior y el córtex piriforme. Las localizaciones de las terminaciones de los axones de las neuronas MP en ambos centros ya no mostraban el patrón tan claro que aparecía en el bulbo olfatorio. La comparación de estos patrones en los distintos ratones se realizó en un cerebro tridimensional desarrollado por bioinformáticos de la Universidad de California en San Diego.

De forma sorprendente, los investigadores pudieron constatar que las proyecciones del mismo glomérulo en dos ratones diferentes no se parecían más que las proyecciones de glomérulos diferentes. En otras palabras, la conexión existente desde el bulbo olfatorio y las regiones de procesamiento cortical son únicas para cada individuo, en este caso ratones, pero podría extrapolarse a los humanos.

Toda buena investigación plantea preguntas más interesantes que las que resuelve. En este caso se pueden plantear al menos dos que son, como mínimo, desconcertantes: primero, ¿por qué mecanismo durante el desarrollo fetal los axones de neuronas MP adyacentes y aparentemente idénticas llegan a sitios tan distintos del córtex olfatorio?; segundo, ¿perciben los animales el mismo olor de la misma manera si la estructura de conexiones varía de individuo a individuo? Esta última pregunta se refiere a lo que los filósofos llaman qualia , ¿es mi experiencia del olor de la rosa la misma que la tuya?

La clave a la segunda pregunta está probablemente en la amígdala. A este centro llegan también las señales del bulbo olfatorio, pero la técnica Ghosh no permite, de momento, recorrer distancias tan grandes.


Referencia:

Ghosh, S., Larson, S., Hefzi, H., Marnoy, Z., Cutforth, T., Dokka, K., & Baldwin, K. (2011). Sensory maps in the olfactory cortex defined by long-range viral tracing of single neurons Nature DOI: 10.1038/nature09945


Fuente : Experientia Doc.

sábado, 5 de marzo de 2011

Desarrollan artificialmente las neuronas que destruye el Alzheimer



Esquema de la generación de células madre pluripotenciales inducidas. Fuente: Wikimedia Commons.
Esquema de la generación de células madre pluripotenciales inducidas. Fuente: Wikimedia Commons.

 
Un equipo de investigadores de la Universidad Northwestern de Estados Unidos ha conseguido por vez primera transformar una célula madre embrionaria humana en una neurona específica, del mismo tipo que destruye la enfermedad del Alzheimer en sus estadios iniciales.

La destrucción de este tipo de células nerviosas del cerebro es lo que ocasiona la pérdida de la memoria en pacientes con este trastorno.

Tanto la pérdida de memoria como la desorientación son los primeros síntomas del Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales.
Evitar la muerte neuronal

Según publica la citada universidad en un comunicado, la posibilidad de reprogramar las células madre para dar lugar a un suministro ilimitado de neuronas humanas propiciará la aparición de nuevos medicamentos de prueba contra el Alzheimer.

Por otro lado, el avance permitirá a los científicos analizar las causas de la muerte de las neuronas y, con el tiempo, posibilitará los transplantes de nuevas neuronas en pacientes con Alzheimer.

Concretamente, los investigadores de la Northwestern University consiguieron desarrollar, a partir de las células madre, unas neuronas conocidas como “neuronas colinérgicas del cerebro anterior basal”.

Estas células nerviosas son las que ayudan a una región del cerebro llamada hipocampo a retener los recuerdos. En el cerebro existe una población relativamente pequeña de estas neuronas, pero su pérdida provoca un efecto veloz y devastador en la capacidad de recordar.

Según uno de los autores de la investigación, el neurólogo de la Universidad Northwester, Jack Kessler, ahora que ya se sabe cómo desarrollar estas células nerviosas en laboratorio, éstas podrán ser estudiadas en cultivos, para averiguar cómo se puede evitar su muerte.

Funcionamiento corriente

Otro de los autores del estudio, el también neurólogo Christopher Bissonnette, añade que “esta técnica para producir neuronas permite hacer crecer un número casi infinito de estas células en laboratorio, lo que permitirá a otros científicos analizar porqué esta población de células muere selectivamente como consecuencia del Alzheimer”.

La posibilidad de generar neuronas también supone que los investigadores puedan testar rápidamente miles de medicamentos distintos para comprobar cuál de ellos mantiene a las células vivas en un entorno nocivo. Esta técnica de experimentación rápida es conocida como “cribado de alto rendimiento”.

Kessler y Bissonnette han demostrado ya que las neuronas producidas con su método funcionan igual que las neuronas originales. Los científicos transplantaron las neuronas generadas en el hipocampo del cerebro de ratones, en el que se constató que presentaban un funcionamiento corriente.

Otra forma de producir células nerviosas

Las neuronas desarrolladas a partir de células madre produjeron axones o prolongaciones neuronales que conducen el impulso nervioso dirigidos hacia el hipocampo, y liberaron acetilcolina, que es un neurotransmisor que liberan específicamente las neuronas colinérgicas, y que es necesario para que el hipocampo retenga los recuerdos procedentes de otras partes del cerebro.

En otra investigación reciente, estos mismos científicos descubrieron una segunda técnica de desarrollo de nuevas neuronas. En este caso, los investigadores generaron en primer lugar células madre embrionarias (conocidas como células madre pluripotentes inducidas o iPS ) a partir de células de piel humana y, después, transformaron las iPS en neuronas.

Estas neuronas y sus células madre precedentes fueron desarrolladas a partir de células de piel de tres grupos de personas: pacientes con Alzheimer, pacientes sanos sin antecedentes de casos de Alzheimer en sus familias, y pacientes sanos con una propensión incrementada a padecer la enfermedad, por antecedentes familiares (por razones genéticas o desconocidas).

Según Kessler, este método de obtención de células constituye una “nueva forma de estudiar células humanas enfermas por el Alzheimer”.

Buscarle un hogar a las neuronas

En la primera investigación mencionada, los científicos tuvieron que desarrollar y probar millones de células para descubrir cómo convertir una secuencia exacta de genes, para transformar las células madre en neuronas colinérgicas.

Según explica Bissonnette: “una célula madre tiene el potencial de convertirse en cualquier célula del cuerpo, desde una célula del corazón hasta una de la piel. Su desarrollo final está ocasionado por una gran cantidad de factores que lentamente la dirigen hacia un tipo concreto de célula”.

Además, los científicos tuvieron no sólo que generar las células, sino también aprender cómo estabilizarlas, de manera que viviesen al menos 20 días para poder probar que eran las células que esperaban.

A pesar de la importancia de los avances obtenidos, aún queda por averiguar en qué tipo de cultivo de tejido las neuronas humanas maduras podrían vivir. Una vez que se descubra esto, los científicos podrán hacer que las neuronas duren un tiempo indefinido. Los resultados de la presente investigación han aparecido publicados en la revista especializada Stem Cells
 
Fuente : Tendencias21

Genética y eficiencia del conectoma cortical humano.




Lo bien que funcione nuestro cerebro, su eficiencia, depende de varios factores. Un estudio llevado a cabo por un equipo encabezado por Alex Fornito, de la Universidad de Melbourne (Australia), y cuyos resultados se publican en el Journal of Neuroscience abunda en la posibilidad de que el factor más importante es el genético, especialmente en las regiones relacionadas con la inteligencia. Con todo, la influencia del ambiente en el desarrollo de lo que denominamos inteligencia sigue siendo considerable.
El córtex humano es una compleja y tupida red de conexiones interneuronales. La construcción de esas conexiones tiene un coste energético pero, por otro lado, cuantas más conexiones existan mayor capacidad de procesamiento tendrá el cerebro. Podemos ver entonces que podría existir una presión evolutiva hacia cerebros más interconectados que se ve limitada por el coste del establecimiento de esas conexiones. El trabajo de Fornito et al. lo que hace es establecer una primera prueba de la influencia de la genética en lo eficiente que son las interconexiones de las redes cerebrales y viene a reforzar la hipótesis de la búsqueda de la eficiencia es un factor fundamental en el desarrollo del cerebro.
Pongamos el resultado en contexto. El cerebro humano necesita unos 20 años para desarrollarse completamente. Cuando se analiza el cerebro de un adulto lo que se encuentre será el resultado de, en primer lugar, las instrucciones genéticas que especifican el diseño general del cerebro, en segundo de la formación de las conexiones que adaptan el cerebro a su entorno durante el desarrollo y, finalmente, de la adaptación continua como respuesta a la experiencia. Los investigadores han establecido que la herencia genética supone un 60 %, lo que deja un amplio margen para que el ambiente y las experiencias puedan modelar el estado de un cerebro en un momento dado. Esto querría decir que si pretendemos entender la inteligencia, las enfermedades mentales o las neurológicas hemos de considerar seriamente, aunque no aisladamente, la componente genética.


Para llegar a estas conclusiones el equipo de investigadores comparó los escáneres por resonancia magnética funcional de 16 parejas de gemelos (gemelos monocigóticos) y13 parejas de mellizos (gemelos dicigóticos). Los investigadores fueron capaces de construir mapas detallados de la conectividad funcional entre 1041 regiones corticales diferentes, caracterizando la eficiencia de la red.
Tomando el cerebro en su conjunto, el 60% de las diferencias entre personas se pudo explicar por los genes. Pero no en todas las regiones cerebrales se encuentra la misma influencia. Los efectos más fuertes de la genética se encuentran en regiones del córtex prefrontal que, como es conocido, juega un papel fundamental en la planificación, el pensamiento estratégico, la toma de decisiones y la memoria.
Trabajos anteriores han demostrado que las personas con conexiones cerebrales más eficientes obtienen mejores resultados en los test de inteligencia, y que la eficiencia de las redes cerebrales es menor en personas que sufren esquizofrenia; en ambos casos en el córtex prefrontal. Teniendo en cuenta lo limitado de la muestra, y que por lo tanto el trabajo debe reproducirse idealmente con números mayores de sujetos, el lector puede aventurar sus conclusiones.
Referencia:
Fornito A, Zalesky A, Bassett DS, Meunier D, Ellison-Wright I, Yücel M, Wood SJ, Shaw K, O'Connor J, Nertney D, Mowry BJ, Pantelis C, & Bullmore ET (2011). Genetic Influences on Cost-Efficient Organization of Human Cortical Functional Networks. The Journal of neuroscience : the official journal of the Society for Neuroscience, 31 (9), 3261-3270 PMID: 21368038

jueves, 3 de marzo de 2011

Es posible aprender neurológicamente la espiritualidad - La neuroplasticidad podría ayudar a lograr una visión de la trascendencia



Foto: reuben4eva. Stock.xchng

“Recuerdo la noche y casi el lugar preciso, en la cima de la montaña, donde mi alma se expandía, por decirlo de alguna manera, hacia el Infinito. Se produjo una unión impetuosa de los dos mundos, el exterior y el interior; se trataba de lo profundo llamando a lo profundo, lo profundo que mi propia lucha había abierto dentro de mi ser, contestado por lo profundo impenetrable del exterior, que llegaba más allá de las estrellas. Estaba solo con Aquel que me había creado, a mí y a toda la belleza del mundo, el sufrimiento e, incluso, la tentación. Yo no lo buscaba, pero sentía la unión perfecta de mi espíritu con el suyo. El sentido normal de las cosas a mi alrededor había cambiado y, de momento, tan sólo sentía una alegría y una exultación inefables. Era como el efecto de una gran orquesta cuando todas las notas dispersas se han fundido en una armonía distendida que deja al oyente consciente únicamente de que su alma flota, casi rota de emoción. La perfecta quietud de la noche se estremecía tan sólo por un silencio aún más solemne, y la oscuridad era todavía más patente afuera de invisible. No podía dudar que Él estaba allí lo mismo que yo; de hecho, sentía, si es posible, que yo era el menos real”.Testimonio citado por William James en “Las variedades de la experiencia religiosa” (Madrid, ediciones península, 1ª ed. 1986).

En el origen de las religiones siempre se puede encontrar una “revelación mística” similar a la del relato que cita el pionero filósofo y psicólogo estadounidense. Quienes las vivieron refieren el acceso a una forma de conocimiento que no puede ser captado por imágenes o palabras, una certeza de unidad de todo lo existente, la pérdida del yo y del mundo, potentes estados de alegría, bienaventuranza, paz, vitalidad, bienestar físico y mental y de cercanía con lo sagrado, entre otras sensaciones.

Estas experiencias fueron estudiadas a fondo por varios autores y, aunque todavía no se ponen de acuerdo con las causas, ya casi no se discute el potencial transformador y sanador de la experiencia mística: Quien la vive, no vuelve a ser el mismo. Se transforma para siempre y en general para mejor, porque, como sentencia el psicólogo transpersonal Stanislav Grof: “podemos hablar de un profundo cambio a nivel psicofísico. Un individuo que vive una experiencia cumbre tiene la sensación de sobreponerse a la fragmentación y división cuerpo/mente, y alcanza un estado de unidad y completud interna total que usualmente resulta muy curativo y benéfico (…) Estas experiencias producen una mejora de la salud emocional y física”.

Ahora bien, ¿es posible fomentar, estimular o provocar este tipo de experiencias por medios naturales? Los estudios sobre neuroplasticidad parecen indicar que sí.

La neuroplasticidad

En los lóbulos frontales del cerebro está la llave del propio destino. Allí se cocinan los proyectos y las decisiones que surgen de la interacción de los 100 mil millones de neuronas del cerebro. Todas aquellas conexiones que no se usan se pierden, y hoy se sabe que el cerebro puede remodelarse a medida. La neuroplasticidad es la capacidad de aumentar o disminuir el número de ramificaciones neuronales y de sinapsis, a partir del estímulo sobre el cerebro. De este modo, una persona estimulada por la percepción desarrolla más conexiones que otra menos receptiva.

Al respecto, el psiquiatra Daniel Drubach, de la Mayo Clinic, en Minnesotta, explicó en su conferencia “Neurobiología de la imaginación y su relación con la espiritualidad” (dictada en el Foro de reflexión Cerebro y Espiritualidad, Buenos Aires, 17 de Septiembre de 2007): “es impresionante la manera en que el cerebro puede reorganizarse para poder adaptarse a nuevos desafíos”. Más aún si se somete a entrenamiento durante años. Por ejemplo, indica: “El músico que se expone a la música percibe una realidad diferente. Por el hecho de practicarla escucha otra cosa y puede detectar cambios muy sutiles en las notas que pasan desapercibidos para los no músicos. Esto se ha probado muchas veces y no es genético. Es la exposición al enriquecimiento del medio ambiente lo que modifica al cerebro. Percibir algo lo cambia a uno y luego lo puede percibir mejor”. Y agrega: “Otro estudio se hizo con pintores artísticos. Ellos son capaces de diferenciar entre los colores de una manera muy superior a la media. De una escala reconocen 35 tipos diferentes de amarillo, por ejemplo. Alguien que no es pintor dice que sólo hay 4 ante la misma paleta de colores. Es tremendo cómo la experiencia y más que nada el entrenamiento cambian la percepción de la realidad”.

De este modo, si la experiencia mística es algo que sucede (o es percibida) en el cerebro, nada impediría, en teoría, modificar la estructura de la red sináptica para favorecer la espiritualidad y, si se da el caso, la producción o recepción (esto ya es cuestión de Fe) de las experiencias místicas.

¿Es posible esto? Hay algunas pistas. El doctor Drubach explica que “al cerebro le interesa lo que cambia, no lo constante. Si hay un ruido repetitivo se lo escucha durante unos segundos y al rato se lo ignora. El cerebro se habitúa. Del mismo modo, uno entra a una habitación con un cierto olor y en unos minutos no lo huele más. Así, desde el punto de vista de las descripciones de Maimónides y otros, si la manifestación de Dios está siempre presente pero no cambia, será más difícil percibirla”.

Habrá entonces que tratar de modificar la percepción. Hace mucho que los cabalistas, judíos y cristianos, afirman que hay una realidad diferente y que hay que prepararse para descubrirla. En definitiva, de lo que están hablando es de plasticidad perceptiva.

A propósito, los ya famosos estudios de Andrew Newberg y Eugene Daquili, de la División de Medicina Nuclear de la Universidad de Pennsylvania, tienen que ver con esto también. Ellos estudiaron a un grupo de monjes tibetanos y frailes franciscanos (con tomografías computarizadas mientras meditaban) y encontraron cambios notables en la actividad cerebral. Al igual que los músicos o pintores, los que practican la meditación o la plegaria activan su cerebro de una manera diferente y lo predisponen a ciertas percepciones y experiencias místicas, espirituales o religiosas.

Este también es el tono de las investigaciones que los neurocientíficos Antoine Lutz y Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos) llevan a cabo desde 1992 en colaboración con el Dalai Lama y otros monjes budistas muy experimentados en el arte de la meditación. Ellos colocaron en los monjes y en un grupo de control una red con sensores eléctricos mientras meditaban.

Los resultados no dejaban dudas. La amplitud de las ondas gamma recogidas en algunos de los monjes son las mayores de la historia registradas en un contexto no patológico. Lo cierto es que los monjes sincronizan un número de neuronas mucho mayor al promedio. De este modo, Lutz y Davidson dedujeron que el cerebro, con un correcto entrenamiento, puede desarrollar funciones nunca imaginadas.

¿Pero cuál sería el beneficio de volcarse a una vida espiritual? Muchos y diversos, y todos están bien testeados.


Aún si se deja a un costado la cuestión de la Fe, varios estudios probaron con el método científico que la vida espiritual ofrece beneficios indiscutibles. Estos son apenas algunos ejemplos de investigaciones realizadas en los últimos tres años:

-La religión aliviaría el estrés del cerebro ante las presiones cotidianas, de acuerdo con la investigación que el antropólogo Lionel Tiger de la Rutgers University de Estados Unidos, y Michael McGuire, psiquiatra y neurocientífico de la Universidad de California. Ellos publicaron el libro, "God’s Brain" donde sugieren que el estrés propio de la vida cotidiana, capaz de modificar la química del cerebro, encuentra alivio en las creencias y los rituales religiosos, lo que ayuda al cerebro a soportar las tensiones.

-Bajo ciertas circunstancias, la creencia religiosa fomenta actitudes de generosidad, altruismo y mejora el comportamiento social, según el estudio de los psicólogos sociales de la University of British Columbia (Vancouver, Canadá) Ara Norenzayan y Azim Shariff.

-Los individuos religiosos son más amables y rectos. Así lo probaría un meta-análisis de docenas de estudios que vinculaban ciertas características de la personalidad humana con la religiosidad realizado por el científico de la Universidad belga de Louvain, Vassilis Saroglou, especializado en la investigación de la personalidad y de la psicología religiosa.

-La Fe en Dios reduce los síntomas de la depresión clínica, puesto que los depresivos creyentes son un 75 por ciento más propicios a responder a los medicamentos, de acuerdo con un estudio publicado por investigadores del Rush University Medical Center de Chicago, en Estados Unidos.

-A principios de 2009 otra investigación, realizada por científicos de la Universidad de Miami, Estados Unidos, y dirigida por el profesor de psicología Michael McCullough, reveló que las personas religiosas tienen mayor capacidad de autocontrol que las no religiosas y regulan de manera más eficiente sus actitudes y emociones, con la finalidad de conseguir objetivos para ellos valiosos.

-Las plegarias por otros potencian la capacidad individual de perdonar, sugiere un trabajo realizado por el psicólogo de la Florida State University, Nathaniel Lambert, y sus colaboradores, de la Florida State University. Al rezar, señalan, las personas dejan de centrar su atención en sí mismos y en sus propios objetivos. Así, los sentimientos negativos pueden desvanecerse. Una investigación anterior de estos mismos investigadores había demostrado que la gratitud también puede potenciarse mediante la oración.

-La religiosidad ayuda a evitar las depresiones en la vejez, según se explica en un comunicado emitido por la Universidad de Arizona, a partir de un estudio realizado por la Master of Philosophy Rita Law.

-Creer en Dios puede bloquear la ansiedad y minimizar el estrés, señalan los resultados de dos investigaciones realizadas en la Universidad de Toronto, en Canadá, dirigidas por el profesor de psicología Michael Inzlicht.

-La meditación con mantras ayudaría a relajar el sistema nervioso, a rebajar la presión arterial, a mejorar la salud del corazón, a prolongar la vida, además de dar felicidad y de generar el sentimiento de estar más cerca de una entidad trascendente, entre otras ventajas, según el estudio de Herbert Benson, cardiólogo de la Harvard Medical School.

Por lo tanto, si la meditación y la vida espiritual favorecen las tendencias a ser generosos, amar al prójimo y desear el bien a los demás sin esperar nada a cambio; y si además propenden al bienestar físico, emocional e intelectual, es indudable que este tipo de pensamiento o filosofía puede llevar a una vida más feliz.

De este modo, sin meterse en las pantanosas aguas de la interminable polémica entre ciencia y religión, se podría decir que la primera le está dando la razón en algo a la segunda. Aunque todavía no esté dispuesta a reconocerlo. 
 
 
Fuente : Tendencias21

miércoles, 2 de marzo de 2011

Principios de Neurociencia Eric Kandel - Español



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lunes, 28 de febrero de 2011

El otro discurso del rey: la ciencia de la tartamudez.




Los recientes Premios de la Academia (Oscars) a la película “El discurso del rey” (The King's Speech) nos van a servir de excusa para repasar, sin ánimo de ser exhaustivos, el estado de la cuestión en lo que se refiere a la tartamudez, lo que a su vez nos permitirá comprobar (por si alguien lo dudaba) que lo que funciona en las películas no tiene por qué tener relación alguna con la realidad.
A lo largo de la historia se ha atribuido la tartamudez a muchas causas diferentes. Galeno decía que era consecuencia de una sequedad de la lengua. En el siglo XVII, Francis Bacon decía que era consecuencia de una rigidez de la lengua. En el siglo XIX, los cirujanos sugerían que se debía a una lengua demasiado larga. En el siglo XX irrumpen las explicaciones “psicológicas”, desde una desatención por parte de los padres hasta una necesidad no saciada de sexo oral (“El discurso del rey” resalta el aspecto psicológico). Los remedios propuestos, obviamente, han sido igual de variados. Galeno pensaba que era necesario envolver la lengua en una tela empapada en zumo de lechuga. Bacon recomendaba la ingesta de vino. Los cirujanos del XIX afirmaban que era necesario usar el bisturí. Los psiquiatras, el diván. Pero ninguno de estos remedios funciona (excepto en las películas).
El uso de la tomografía por emisión de positrones y las imágenes por resonancia magnética funcional [1][2] ha puesto de manifiesto que aquellas partes del cerebro que suelen asociarse a la producción del habla están más activas en los tartamudos que en lo que no lo son, mientras que aquellas otras relacionadas con las percepción de los sonidos lo están menos. Además, los dos tipos de cerebro tienen un aspecto diferente. Los tartamudos parecen tener una materia gris más densa en las áreas asociadas con el procesamiento y la producción de sonidos. Pero unas diferencias así deben tener causas más profundas.
Y muy probablemente esas causas sean mayoritariamente genéticas. Los estudios con gemelos ponen de manifiesto que la disfemia (otro nombre para la tartamudez) tiene un componente genético mayor que los conocidos para el colesterol alto y la osteoporosis, por ejemplo. Al menos dos estudios con niños adoptados sugieren que aquellos cuyos padres adoptivos tartamudean no tienen más probabilidad de desarrollar disfemia que aquellos adoptados por no-tartamudos.
Para descubrir qué genes podrían estar implicados un reciente estudio [3] se centró en 44 familias pakistaníes. Los matrimonios entre primos es bastante común en Pakistán, y esta endogamia lleva a una alta incidencia de las afecciones de origen genético. El análisis sugiere que la disfemia está asociada a una mutación del gen GNPTAB, un dato que después fue confirmado cuando la misma mutación fue descubierta en un grupo de tartamudos procedentes de familias no relacionadas con las anteriores de origen pakistaní e hindú. Investigaciones posteriores [4] han puesto de manifiesto que esta mutación ocurrió hace 572 generaciones en un ancestro común, que habría vivido hace 14.000 años.
Existen además otros dos genes , GNPTG y NAGPA, que se encuentran en personas que tartamudean pero no en no-tartamudos. Los tres genes afectados codifican enzimas que regulan los lisosomas, las unidades de gestión de desechos de las células. Dos de las mutaciones también aparecen como causa de una rara enfermedad llamada mucolipidosis. La mucolipidosis severa es mortal en los primeros diez años de vida. Incluso la forma más leve tiene síntomas graves: desarrollo anormal del esqueleto y, algunas veces, un ligero retraso mental.
Sin embargo, no se aprecian síntomas de mucolipidosis en los tartamudos. Una explicación sería que ambas afecciones estarían relacionadas con un plegamiento inadecuado de las enzimas en cuestión (el plegamiento es crítico en cualquier proteína para que cumpla correctamente su función), pero que los detalles de esa inadecuación del plegamiento serían diferentes. Una hipótesis sería pues que un grupo específico de células cerebrales implicadas en la producción del habla sería selectivamente sensible, por una razón desconocida, a ese sutil fallo enzimático, produciendo, quizás, los patrones que se ven en los escáneres de los que hablábamos más arriba.
Hoy día existen varios grupos trabajando en los detalles de las causas de la disfemia. Esperemos que sus hallazgos permitan obtener tratamientos que sean más efectivos que el zumo de lechuga o el vino. Lo demás, son películas.

Referencias:

[1]
Beal DS, Quraan MA, Cheyne DO, Taylor MJ, Gracco VL, & De Nil LF (2011). Speech-induced suppression of evoked auditory fields in children who stutter. NeuroImage, 54 (4), 2994-3003 PMID: 21095231

[2]

Beal DS, Cheyne DO, Gracco VL, Quraan MA, Taylor MJ, & De Nil LF (2010). Auditory evoked fields to vocalization during passive listening and active generation in adults who stutter. NeuroImage, 52 (4), 1645-53 PMID: 20452437

[3]

Kang C, Riazuddin S, Mundorff J, Krasnewich D, Friedman P, Mullikin JC, & Drayna D (2010). Mutations in the lysosomal enzyme-targeting pathway and persistent stuttering. The New England journal of medicine, 362 (8), 677-85 PMID: 20147709

[4]

Fedyna A, Drayna D, & Kang C (2011). Characterization of a mutation commonly associated with persistent stuttering: evidence for a founder mutation. Journal of human genetics, 56 (1), 80-2 PMID: 20944643
 
 
Fuente : Experientia Docet

jueves, 24 de febrero de 2011

Rol del sistema motor en la comprensión entre individuos y la interacción social

viernes, 18 de febrero de 2011

Los cerdos vuelan: los axones se comunican entre sí y pueden hacerlo sin estímulo inmediato.




Las neuronas son complicadas, pero el concepto funcional básico es que en las sinapsis de las dendritas y el cuerpo celular se reciben señales y los axones las transmiten a la siguiente neurona (a sus dendritas o cuerpo celular). O quizás deberíamos decir que ese era. En un estudio cuyos resultados se publican en Nature Neuroscience, un equipo encabezado por Mark Sheffield, de la Universidad Northwestern (Estados Unidos), informa de dos descubrimientos que obligarán a reescribir los libros de texto: las neuronas pueden responder a la historia de lo que les ha ocurrido integrando información y los axones pueden comunicarse a la inversa y entre sí.


El equipo de investigadores descubrió en primer lugar que las neuronas aisladas pueden disparar señales incluso en ausencia de una estimulación en el cuerpo celular o en las dendritas. Es decir, que ya no es siempre estímulo-potencial de acción inmediato (el potencial de acción es el sistema eléctrico de transmisión de señal en la neurona; son breves cambios en el voltaje de las membranas de la neurona).


Al igual que nuestra memoria de trabajo puede memorizar temporalmente un número de teléfono para usarlo un poco más tarde, la neurona puede almacenar e integrar estímulos durante un período de tiempo largo, de decenas de segundos a minutos (una eternidad en términos neuronales, donde la velocidad operacional típica se mide en milisegundos). Entonces, cuando la neurona alcanza un nivel umbral, dispara una prolongada serie de señales (potenciales de acción) incluso en ausencia de estímulo. Los investigadores llaman a esto “disparo persistente” y parece que sólo ocurre en el axón.


En concreto los investigadores estimularon interneuronas inhibidoras aisladas (provenientes del hipocampo o del córtex de ratones) durante uno o dos minutos con un estímulo cada diez segundos. Las neuronas dispararon durante este tiempo pero, cuando la estimulación cesó, las células continuaron disparando durante un minuto.


Esta función neuronal podría ser importante en procesos cerebrales habituales (la memoria, por ejemplo) y/o en enfermedades (el disparo persistente de neuronas inhibitorias podría contrarrestar estados hiperactivos del cerebro, previniendo la excitación desbocada que tiene lugar durante las crisis epilépticas).


Tras estudiar neuronas aisladas, los investigadores pasaron a investigar con grupos de neuronas, lo que deparó probablemente la sorpresa mayor: los axones se hablan entre sí. Los axones pueden realizar sus propias computaciones neuronales sin que intervengan ni el cuerpo celular ni las dendritas. Esto es lo contrario a la comunicación neuronal típica en la que el axón de una neurona está en contacto con las dendritas de otra neurona o su cuerpo celular, pero no con su axón. Y, a diferencia de las computaciones que realizan las dendritas, las que ocurren en los axones son miles de veces más lentas, lo que potencialmente crearía un medio por el que las neuronas computasen las cosas rápidas en las dendritas y las lentas en los axones.


Los axones se hablan, pero cómo funciona y hasta qué punto es generalizado este funcionamiento son nuevos misterios por descubrir. Y es que estamos sólo empezando.  


Referencia: 

Sheffield ME, Best TK, Mensh BD, Kath WL, & Spruston N (2011). Slow integration leads to persistent action potential firing in distal axons of coupled interneurons. Nature neuroscience, 14 (2), 200-7 PMID: 21150916



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viernes, 11 de febrero de 2011

jueves, 10 de febrero de 2011

El tiempo del cerebro:cómo la mente construye la cuarta dimensión(Parte 2)

Segunda parte de esta conferencia.











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El tiempo del cerebro:cómo la mente construye la cuarta dimensión (Parte 1)

Primera parte de esta conferencia.






El tiempo del cerebro:cómo la mente construye la cuarta dimensión  (Parte 2)   Próximamente




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miércoles, 9 de febrero de 2011

Integrando las Ciencias Básicas y Aplicadas en el estudio de la Mente - Cognición Moral en Demencia Frontotemporal Segunda Parte

Integrando las Ciencias Básicas y Aplicadas en el estudio de la Mente


Este ciclo de conferencias cuenta con la participación de destacados profesionales médicos e investigadores de las Neurociecias Cognitivas. Una vez mas, IntraMed pone al alcance de la comunidad médica el acceso a un nuevo Workshop de INECO





Conferencia Cognición Moral en Demencia Frontotemporal Parte 1






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Integrando las Ciencias Básicas y Aplicadas en el estudio de la Mente - Cognición Moral en Demencia Frontotemporal Primera Parte

Integrando las Ciencias Básicas y Aplicadas en el estudio de la Mente

Este ciclo de conferencias cuenta con la participación de destacados profesionales médicos e investigadores de las Neurociecias Cognitivas. Una vez mas, IntraMed pone al alcance de la comunidad médica el acceso a un nuevo Workshop de INECO




Conferencia Cognición Moral en Demencia Frontotemporal Parte 2 







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martes, 8 de febrero de 2011

El cerebro almacena sólo los recuerdos útiles durante el sueño

Foto: Yuriy Poznukhov. PhotoXpress.
Foto: Yuriy Poznukhov. PhotoXpress.


Después de una noche de profundo descanso, la gente recuerda mejor la información obtenida durante el día, pero sólo si sabe de antemano que dicha información le resultará útil en un futuro.

Esto es lo que ha revelado un estudio realizado por científicos de la Universidad de Lübeck, en Alemania, y cuyos resultados han aparecido publicados en The Journal of Neuroscience.

El descubrimiento sugiere que el cerebro evalúa nuestros recuerdos y retiene mientras dormimos preferentemente aquéllos que nos resultarán más relevantes.

Darle importancia a los recuerdos

A lo largo del día las personas recibimos grandes cantidades de información. Mucha de esta información es codificada en recuerdos por el cerebro e inicialmente almacenada, pero la mayoría de ella es olvidada rápidamente.

En el presente estudio, el neurocientífico de la Universidad de Lübeck, Jan Born, y sus colaboradores se dispusieron a determinar cómo se produce este proceso, es decir, cómo el cerebro decide qué información retener y cuál olvidar.

Según declaraciones de Born recogidas en un comunicado de la Society for Neuroscience (SFN) de Washington: “Los resultados obtenidos demuestran que la consolidación de los recuerdos durante el sueño implica un proceso de selección básico que define qué partes de la información cotidiana será almacenada a largo plazo”.

Este proceso de selección estaría basado en la relevancia de dicha información para el futuro. Según los resultados obtenidos, el cerebro seleccionaría para su almacenamiento aquellos datos que nos puedan resultar útiles, explica el científico.

En The Journal of Neuroscience, los autores de la investigación escriben que, por tanto, la importancia que le demos a una información será lo que determine si el sueño beneficiará significativamente o no a su consolidación en la memoria.

Dos experimentos realizados

Born y sus colaboradores llevaron a cabo dos experimentos, con el fin de probar la retención memorística de un total de 191 voluntarios.

En el primero de ellos, se le pidió a una parte de los participantes que aprendieran 40 pares de palabras. En el otro experimento, un segundo grupo de voluntarios jugó a un juego de cartas en el que se debía emparejar imágenes de animales y objetos.

En ambos grupos, a la mitad de los voluntarios se les dijo, inmediatamente después de realizar las tareas, que se les haría una prueba acerca de la información presentada en ellas, 10 horas más tarde. De hecho, finalmente todos los participantes en el estudio se sometieron a esta prueba, pero sólo la mitad de ellos supieron con antelación que la harían.

A algunos de los voluntarios se les permitió además dormir en el intervalo de tiempo entre las tareas y la prueba.

Tal y como los científicos esperaban, los voluntarios que durmieron rindieron mejor en la prueba final, pero sólo en el caso de aquéllos que, además de dormir, habían sido informados de que iban a hacer un examen posteriormente.

Etiquetas y consolidación de la memoria

Los científicos registraron asimismo los electroencefalogramas (EEG) de los individuos que durmieron. De esta forma, descubrieron un incremento de la actividad neuronal durante la fase de sueño profundo o de ondas lentas (SOL), en las personas que sabían que serían examinadas de sus recuerdos.

Según Born: “Cuanto mayor fue la actividad de las ondas lentas en los participantes dormidos, mejor fue su memoria en el test de memoria 10 horas después”.

Hace tiempo que los científicos piensan que el sueño juega un papel clave en la consolidación de los recuerdos.

Los autores del presente estudio sugieren que, durante la vigilia, la corteza prefrontal del cerebro etiquetaría ciertos recuerdos como “relevantes”, mientras que otra región del cerebro, el hipocampo, sería la encargada de consolidar dichos recuerdos durante el descanso.

El hipocampo está implicado en varias funciones cognitivas, entre ellas la de la inhibición, la de la memoria y la de la percepción del espacio

Fuente: Tendencias21





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lunes, 7 de febrero de 2011

El lujo de unos padres intrascendentes.



¿Hasta qué punto influyen las decisiones de los padres en el desarrollo intelectual de los hijos? La mayoría de los padres cree que incluso los actos más triviales en lo que respecta a sus pequeños, desde la elección de guardería a la permisividad o no con los videojuegos, influye profundamente en su éxito futuro. Los niños, desde esta perspectiva, serían como arcilla húmeda y los padres serían alfareros.

Y sin embargo en los tests que miden una variedad de rasgos, desde la inteligencia al autocontrol, la influencia del ambiente familiar se revela como mucho menor que la que tienen los genes o los grupos de amigos y compañeros. Los padres podemos seguir pensando que somos alfareros, pero el hecho cierto es que, desde este punto de vista, nuestra arcilla estaría prácticamente seca.

Un nuevo artículo publicado en Psychological Science sugiere que ambas metáforas (arcilla húmeda, arcilla seca) pueden ser ciertas. Cada caso particular, cada niño, se aproximaría a una u otra dependiendo del estatus socioeconómico de la familia.

El equipo encabezado por Elliot Tucker-Drob, de la Universidad de Texas en Austin (EE.UU.), estudió 750 pares de gemelos univitelinos (gemelos auténticos) y bivitelinos (mellizos) a los que se sometió a una prueba de capacidad intelectual (la versión corta del Bailey) cuando contaban con 10 meses de edad y de nuevo cuando cumplieron los 2 años. Estudiando las diferencias en los resultados entre los hermanos gemelos y los mellizos, los investigadores pudieron extraer conclusiones sobre la importancia de factores como la genética y el ambiente familiar. Dado que las parejas de hermanos provenían de todo el espectro socioeconómico también fue posible comprobar la influencia del estatus familiar en el desempeño.

En lo que respecta a la capacidad mental a los 10 meses de edad, el ambiente familiar era la variable crítica, independientemente del estatus socioeconómico. Pero los resultados de los niños de 2 años eran muy diferentes. En los niños de las familias más pobres las elecciones que hacían los padres aún se dejaban notar. De hecho, los investigadores estiman que el ambiente familiar representaba aproximadamente el 80% de la varianza individual en la capacidad mental entre los niños de 2 años: el efecto de la genética era despreciable.

El patrón opuesto aparecía en los niños de 2 años de las familias de mayor estatus socioeconómico. Para estos niños, era la genética la responsable principal de las diferencias en el rendimiento, representando cerca del 50% de toda la variación en capacidad mental ( a esta conclusión se llega porque los hermanos gemelos idénticos obtienen resultados mucho más similares que los mellizos). El ambiente familiar aparecía en un alejado segundo lugar. Para los padres la correlación parece clara: conforme aumenta el estatus socioeconómico las elecciones de los adultos juegan un papel mucho menor a la hora de determinar la capacidad mental de sus hijos.

Los niños criados en hogares de estatus socioeconómico alto disfrutan de todo aquello que el dinero puede comprar, desde juguetes interactivos a un mayor vocabulario de sus padres, pasando por una habitación acogedora y estimulante. Si bien los padres pueden discutir y preocuparse por detalles, si este juego es mejor que aquel o este papel para la pared es mejor que aquel otro, el hecho cierto es que estos detalles resultan ser mayormente insignificantes pues están sujetos a la ley de los rendimientos decrecientes. Es decir, llega un momento a partir del cual un aumento en el nivel socioeconómico produce incrementos marginales en el rendimiento del niño cada vez menores y, al desaparecer la varianza que causa el ambiente, lo que queda es la varianza genética.

Estos resultados indican que las desigualdades en el desarrollo se asientan a una edad tremendamente temprana, de tal manera que la capacidad mental de los niños de 2 años puede ser profundamente afectada por el estatus socioeconómico de sus padres. Como resultado, su potencial genético no puede alcanzarse completamente.

Muchos estudios anteriores han puesto de manifiesto la importancia de mejorar los ambientes en la edad temprana de los niños pobres. En algunas áreas se han realizado esfuerzos por mejorar la educación preescolar, esa que empieza a los 3 años. Pero este estudio sugiere que las intervenciones han de comenzar incluso antes, actuando sobre los padres. Hay que enseñar a ser padres.
La eliminación de estas desigualdades en los primeros años de vida crearía simplemente otro tipo de desigualdad, la derivada de la genética. Pero un mundo así sería uno en el que los niños podrían alcanzar su potencial intelectual, sin restricciones derivadas de los errores o el empobrecimiento de los padres. El mayor lujo que les podemos dar a nuestros hijos es, por tanto, llegar a ser un padre completamente intrascendente.

Referencia:

Tucker-Drob, E., Rhemtulla, M., Harden, K., Turkheimer, E., & Fask, D. (2010). Emergence of a Gene x Socioeconomic Status Interaction on Infant Mental Ability Between 10 Months and 2 Years Psychological Science, 22 (1), 125-133 DOI: 10.1177/0956797610392926

Fuente :Experientia D.


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domingo, 6 de febrero de 2011

Memoria selectiva: para recordar hay que saber que hay que recordar.



Los humanos recibimos todos los días cantidades ingentes de información a través de nuestros sentidos. La mayor parte de ella es registrada por el cerebro provisionalmente, pero un porcentaje muy elevado será borrado (olvidado) rápidamente. En un artículo que aparece publicado en el Journal of Neuroscience un equipo de investigadores encabezado por Ines Wilhelm, de la Universidad de Lübeck (Alemania), sugiere que el cerebro evalúa los recuerdos durante el sueño y retiene preferentemente aquellos que considera más relevantes.
Hace ya tiempo que hay pruebas más que sobradas de que la consolidación de la memoria ocurre preferentemente durante el sueño. Sin embargo, los factores que influyen en la selectividad de los recuerdos que se consolidan durante el sueño son muy poco conocidos. El objetivo de Wilhelm et al. en este trabajo era comenzar a averiguar cómo el cerebro decide qué guardar para el futuro y qué olvidar.
Los investigadores pidieron a un total de 191 voluntarios que realizaran dos tipos de tarea para comprobar la retención de datos aprendidos. En la primera los sujetos tenían que aprender 40 pares de palabras (memoria declarativa). Los voluntarios que participaron en la segunda tarea tenían que asociar imágenes de animales con objetos (memoria visioespacial) y también practicaron secuencias de toques con los dedos (memoria motora procedimental). En ambos grupos a la mitad de los voluntarios se les dijo inmediatamente después de la tarea que se les sometería a examen 10 horas después. En realidad todos fueron examinados.
A algunos, pero no a todos, los voluntarios se les permitió dormir en el tiempo que pasó desde que realizaron las tareas y las pruebas. Los sujetos que pudieron dormir obtuvieron mejores resultados que los que no pudieron. Pero, significativamente, sólo las personas que durmieron y sabían que se les iba a examinar obtuvieron unos resultados sustancialmente mejores que la media.
Los investigadores también registraron electroencefalogramas (EEG) de los individuos a los que se les permitió dormir. Encontraron un incremento en la actividad cerebral durante el sueño profundo (ondas lentas) en los sujetos que sabían que iban a ser examinados. De hecho, cuanto mayor era la actividad de las ondas lentas mejores resultados obtuvieron durante la prueba. La hipótesis sería que el córtex prefrontal etiqueta los inputs como relevantes mientras estamos despiertos y que el hipocampo trata estos recuerdos de forma específica durante el sueño, consolidando el recuerdo.
Este hallazgo suscita como siempre más preguntas; por ejemplo, si la hipótesis es correcta, ¿cómo etiqueta el córtex prefrontal un item como “a recordar”?, ¿qué ocurre en el hipocampo para alterar de esa forma el EEG? Y, para quien esto escribe, estas y otras preguntas sin respuesta (de momento) lo único que evidencian es lo poco que realmente sabemos de cómo funciona nuestro cerebro.

Referencia:

Wilhelm, I., Diekelmann, S., Molzow, I., Ayoub, A., Molle, M., & Born, J. (2011). Sleep Selectively Enhances Memory Expected to Be of Future Relevance Journal of Neuroscience, 31 (5), 1563-1569 DOI: 10.1523/JNEUROSCI.3575-10.2011


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La reducción del sentimiento de culpa por el dolor.



La teología católica dice que el cielo espera a los puros de corazón mientras que el infierno está reservado para los pecadores que no se arrepientan. Para todos los demás pecadores está la opción del purgatorio, donde se realiza una limpieza dolorosa antes de ser admitidos a la bendición eterna. La aplicación del dolor para obtener la purificación no se restringe a la otra vida. Hay muchos aquí en la Tierra que consideran la autoflagelación (en sentido amplio pero físico), literalmente, como “buena para el alma”.
Sorprendentemente la idea de que experimentar dolor reduce los sentimientos de culpa nunca ha sido comprobada desde el punto de vista científico. Para corregir esto el equipo de Brock Bastian, de la Universidad de Queensland (Australia), reclutó a un grupo de estudiantes para someterlos a lo que ellos creían que era un test de agudeza mental. Publican sus resultados en Psychological Science.
Al comienzo del estudio los investigadores pidieron a 39 participantes que escribiesen, durante 15 minutos, acerca de alguna ocasión en la que se hubiesen comportado de forma poco ética. Este tipo de ejercicio es una forma establecida de generar en los sujetos sentimientos asociados al asunto sobre el que están escribiendo. Como control, otras 23 personas escribieron acerca de una interacción cotidiana que habían tenido con alguien el día anterior.
Después de escribir los 62 participantes completaron un cuestionario sobre cómo se sentían en ese momento concreto. El cuestionario se diseñó para evaluar, entre otras cosas, los sentimientos de culpa en una escala de uno (muy poco culpable o nada en absoluto) a cinco (extremadamente culpable).
A los sujetos se les dijo en ese momento que era necesario que echasen una mano con un experimento diferente, asociado esta vez con la habilidad física. A los 23 que habían escrito acerca de interacciones cotidianas y 20 de los 39 que habían escrito acerca de comportarse poco éticamente se les pidió que sumergiesen su mano no dominante en un cubo de hielo tanto tiempo como pudiesen aguantarlo. A los 19 restantes se les pidió que sumergiesen su mano en un cubo de agua tibia durante 90 segundos, mientras movían clips de uno en uno de una caja a otra, para mantener la ilusión de que la tarea tenía que ver con habilidades físicas. Hecho esto los participantes tenían que volver a responder el cuestionario. Finalmente se les pedía que evaluasen en una escala de cero (ninguno) a 5 (extremo) el dolor que habían experimentado en la mano que habían tenido sumergida en el agua o en el hielo.
Aquellos sujetos que escribieron acerca de su comportamiento inmoral se expusieron al hielo una media de 86,7 segundos mientras que aquellos que habían escrito acerca de experiencias de todos los días se expusieron un promedio de sólo 64,4. Los “culpables”, entonces, o bien buscaron el dolor o bien se acostumbraron. Las autoevaluaciones de dolor percibido sugieren que lo buscaron. Los que habían escrito acerca de su comportamiento poco ético valoraron el dolor del experimento del cubo de hielo con un 2,8, los del comportamiento poco ético con un 1,9 y los del experimento del cubo de agua tibia con un 0,1.

Pero aparte de ser buscado, el dolor resultó ser, efectivamente, catártico. Los “culpables” que realizaron la prueba del cubo de hielo tenían unos índices de sentimiento de culpa en promedio de 2,5 antes y 1,1 después (1,4 puntos de diferencia). Por contra, los “no culpables” que también hicieron la prueba del cubo de hielo tenían 1,3 y 1,2 respectivamente, es decir, prácticamente sin variación y muy parecido el valor final de los “culpables” post-catarsis. El tercer grupo, los “culpables” que metieron la mano en agua tibia, presentó valores de 2,2 antes y 1,5 después (0,7 puntos de diferencia): una caída apreciable pero significativamente menor que la de los que se sometieron a la prueba del hielo y que, además, consiguieron llegar a un nivel de “libre de culpa”.
Por tanto, la culpa parece comportarse en el laboratorio como predicen los teólogos desde hace mucho tiempo. Tendría un poderoso efecto sobre nuestra voluntad de tolerar el dolor. Y puede ser borrada por ese dolor. La expiación duele. Pero parece funcionar, al menos en la Tierra.
Referencia:

Bastian B, Jetten J, & Fasoli F (2011). Cleansing the Soul by Hurting the Flesh: The Guilt-Reducing Effect of Pain. Psychological science : a journal of the American Psychological Society / APS PMID: 21245493


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